martes, 7 de abril de 2015

LA GRAN CIUDAD DE BARRO







CHAN CHAN (La ciudad de barro)

Chan Chan es una de las ciudades de barro más grandes del mundo, quizás es la más grande de todas. Su nombre viene de Jan Jan que en voz  Mochic  significa Sol Sol. Está ubicada en la costa norte del Perú a escasos kilómetros de la ciudad de Trujillo. Fue edificada completamente con adobes hechos con tierra. Tiene una superficie de más de 20 kilómetros cuadrados y a lo largo del tiempo ha sido reducida a ruinas, debido a los innumerables saqueos  a que ha sido sometida a lo largo de su historia. La acción de las aguas lluvias provocada por los fenómenos del niño y la niña que azota cada cierto tiempo la zona, también han contribuido a la erosión de sus muros.
La ciudad era la capital de la cultura Chimú y habitaban  en dicha ciudad desde hacía cientos de años, vivieron allí hasta la llegada de los Incas. Se dice que en sus momentos de gloria llego a albergar cien mil habitantes. Ambas culturas fueron contemporáneas y por supuesto Chan Chan pasó a formar parte del Tawantinsuyu al ser los chimú asimilados y sometidos por los Incas un poco antes de la llegada de los conquistadores europeos. Los chimú son los descendientes de la cultura mochica que dominó la costa norte del Perú  mil quinientos años antes. Los Moche denominados “Los señores de la muerte” fueron grandes guerreros y excelentes orfebres y artesanos.

Muros y pasadizos


La deidad principal de la cultura Chimú  llego en una balsa desde el mar, desembarcó junto a su séquito en la costa e hizo grandes aportes culturales y tecnológicos. Los chimú fueron expertos pescadores y navegantes. Son famosos y celebres sus caballitos de totora, con los cuales se adentraban en el mar en busca de sus dádivas y recursos. Los chimú le heredaron ese legado a sus actuales descendientes, quienes siguen habitando la zona y cabalgan hasta los días de hoy sobre las aguas del mar en sus ancestrales caballitos de totora.
La ciudad de Chan Chan fue saqueada y destruida por los incas casi completamente durante la expansión del Tawantinsuyu. Cuando llegaron los españoles, la ciudad estaba casi completamente abandonada y destruida, aun así durante el virreinato sufrió múltiples saqueos y  destrucciones, debido a la creencia de que entre sus muros existían grandes tesoros escondidos.
En la actualidad se siguen practicando en muchas partes del mundo la usurpación de tumbas y destrucción de sitios  arqueológicos en la búsqueda del preciado reluciente. Todavía existe un gran tráfico y flujo de piezas arqueológicas destinadas a abastecer colecciones y museos privados, fundamentalmente europeos y norteamericanos. Las nuevas leyes para la protección del patrimonio son difíciles de aplicar y en muchos casos inútiles. Es casi imposible ejercer un control real sobre el patrimonio arqueológico, debido a que es tan abundante y  existe un gran mercado para abastecer, que funciona de manera ilegal y clandestina, pero que genera un montón de utilidades económicas.

La ciudad derruida


Llegar a Chan Chan es fácil. Hay que salir de la ciudad de Trujillo por la Av. Mompiche, que es la vía que va al balneario de Huanchaco. Desde el centro de la ciudad hasta la entrada de las ruinas, hay aproximadamente cinco kilómetros de distancia, alrededor de una hora caminando. En carro son de diez  a quince minutos. La idea es recorrer todo el complejo, sobre todo los lugares que no están restaurados. Lo ideal es ir acompañado, porque son lugares bien solitarios.
Dentro del complejo están los sectores restaurados, que lo componen el museo y otros edificios que no están abiertos al público. La Unidad Ejecutora a cargo de las faenas de conservación y restauración está realizando también trabajos en el sector del lado este de la carretera. Esa zona estaba completamente abandonada y era  profanada constantemente por los huaqueros locales. Todo lo que no ha sido restaurado o que está en proceso de conservación es quizás el noventa por ciento de la ciudad.  Esa es la verdadera Chan Chan, donde permanecen  presencias y reminiscencias ancestrales que aún  se perciben habitando entre sus muros y pasadizos. La ciudad es  como un gran laberinto mítico. El silencio viaja con el viento en la soledad  de los muros de barro y los gallinazos sobre vuelan la ciudad eclipsando al sol. Chan Chan nos trasvasija dentro de un reloj de arena, en el cual  vemos pasar el tiempo y el permanente cambio, en cada uno de sus pequeños granos.
Durante los cinco meses que viví en Trujillo, fui muchas veces a visitarla por días enteros, por lo general iba solo,  me gustaba sentir esa sensación de caminar entre sus plazas y pasillos completamente solitarios. A veces literalmente se me paraban los pelos, algunos espacios todavía contienen  mucha fuerza y energía. Además el material con que está construida la ciudad le otorga a las ruinas una pureza ancestral que sobrecoge.
Chan Chan es una ciudad en ruinas maravillosamente mágica. Ha estado presente en el interés de investigadores, viajeros y expedicionarios desde hace siglos, tiene una energía y vibración que te dejan en un estado de suspensión temporal. Está emplazada frente al mar y parece un castillo de arena en ruinas. Derruido por el viento y por el paso inexorable del tiempo.

El autor


En general todos los lugares donde hubo presencia de culturas antiguas, invitan a reflexionar sobre el ser humano, y Chan Chan no es la excepción. La ciudad de Chan Chan  fue construida ladrillo sobre ladrillo, por una cultura sofisticada para su tiempo, con un gran dominio del territorio y un manejo extraordinario de sus recursos.  Además los chimú fueron herederos de una tradición cultural milenaria y de una cosmovisión compleja, llena de mitos y rituales cosmológicos.
Al llegar al lugar de entrada, las ruinas se ven a ambos costados de la vía. Hacia el mar está el museo, que por supuesto es una visita obligada. La puerta de ingreso es un portal de madera en el medio de la carretera, por lo general  hay  guías de turismo esperando a los turistas y visitantes. Son personas que están  autorizadas, y te pueden acompañar en la visita. Desde allí hasta el museo hay un kilómetro y medio de distancia. Se ingresa por una vía ripiada, y la panorámica que se aprecia es impresionante, porque alrededor se levantan los muros derruidos por la erosión y hacia donde uno dirija la mirada hay vestigios de la ciudad. A medida que uno se va acercando a la entrada del museo, van apareciendo con todo su esplendor los castillos restaurados, con sus muros enlucidos, de más de ocho  metros de altura y un metro de ancho en la parte alta aproximadamente. Cada uno de los castillos debe tener diez hectáreas de superficie y parecen verdaderos corrales para mastodontes. Es difícil tener una idea exacta de cual pudo ser la altura exacta de los muros, los trabajos de restauración le dieron al complejo un aire de maqueta de utilería. Esperemos que los esfuerzos se enfoquen en conservar y preservar el patrimonio.

Ruinas y edificios


Sin lugar a dudas hay mucho todavía por descubrir y develar en la gran ciudad de barro.
Al llegar a la entrada del museo tienes la opción de recorrerlo por fuera, se puede rodear el perímetro por completo, yendo hacia la izquierda del museo  puedes ingresar por un pasillo largo que da hacia el mar. El Museo  colinda con otros recintos no restaurados con impresionantes ruinas de edificios con muchos espacios y dependencias; existen pequeñas habitaciones y pequeñas pirámides, grandes espacios abiertos entre los muros, que seguramente estaban destinados para realizar encuentros sociales y religiosos. También hay lugares de almacenamientos de alimentos, pozos de almacenamiento de agua, callejones, canales, callejuelas, portales, miradores, cementerios. Está llena de lugares con connotación mágica e histórica. Desde allí se divisa a lo lejos el mar, al otro lado de  la carretera que va bordeando la costa. Es difícil saber si el acceso principal a la ciudad era desde el mar o desde de tierra adentro, quizá la ciudad era un gran reloj de sol orientada en línea con la cruz del sur, simbolizada por la Chacana, presente en toda la iconografía americana.

Con los amigos de la unidad ejecutora


Lo cierto es que en el tiempo esplendoroso de la cultura Chimú, la gran ciudad de Chan Chan fue un eslabón importante en el permanente trasvasije socio cultural que existió en el mundo precolombino.
Desde el principio del tiempo, las migraciones  de los grupos humanos, proporcionaron las condiciones ideales para generar un intercambio cultural  que se fue desarrollando a través de milenios. Hace un poco menos de mil años los chimú tenían un importante intercambio comercial con los pueblos del norte, comerciaron con los cañarí, que habitaron la sierra septentrional del actual Ecuador desde hace tres mil años. Estos dominaron  la ruta del spondilus durante cientos de años y las rutas al oriente ecuatoriano proporcionando un montón de recursos provenientes de la amazonia. Los cañari además de tener importantes influencias de los chimú tenían una influencia cultural maya, lo que se nota en su abundante toponimia y antroponimia con raíces fonéticas y semánticas mayoides.  Los chimú por su lado, además de tener principalmente influencia Moche, tenían también reminiscencias ancestrales de la cultura de Tiawanaco y de la cultura Nazca del sur del Perú. Lo que prueba irrefutablemente, que las culturas precolombinas  tenían muchas raigambres comunes y  diversas al mismo tiempo, que sus bagajes culturales y sus tradiciones tenían un fuerte arraigo en una cosmovisión milenaria que se remonta a los principios del tiempo y que además todos compartían.

Chan Chan


Perú es un país arqueológico en su totalidad, la costa está llena de asentamientos y vestigios, la sierra también, con innumerables lugares reconocidos a nivel mundial que reciben a miles de visitantes. Lo más probable que en la selva amazónica escasamente explorada, se guarden celosamente entre su foresta sitios aun por encontrar. Permanentemente se están realizando grades hallazgos en el Perú, su política de inversión en patrimonio arqueológico es un  importante apoyo para los nuevos descubrimientos. Las unidades ejecutoras dependientes del Ministerio de Patrimonio están haciendo un gran esfuerzo para crear iniciativas de preservación y conservación en diferentes sitios de relevancia histórica en todo el país.

Las restauraciones de los muros


Sólo en los alrededores de Trujillo existen grandes complejos arquitectónicos y arqueológicos con mucha iconografía en relieve, escultura y pintura mural. Se pueden visitar  entre ellas: La Huaca El brujo y La Dama de Cao al norte, La Huaca del Sol y La Huaca de La Luna emplazadas en la campiña moche, a los pies de la Montaña Negra. También están dentro del itinerario La Hueca Dragón, La Huaca Esmeralda y La Huaca Arcoíris ubicadas en medio de la ciudad de Trujillo, y por supuesto “Chan Chan, la gran ciudad de barro.” Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco el día   28 de noviembre de 1986.
Chan Chan es un legado invaluable para las actuales y futuras generaciones. Al estar allí, nos podemos  dar cuenta de la maravillosa capacidad que tiene el ser humano de adaptarse al medio ambiente y maximizar los recursos de su entorno natural, permaneciendo en dicho lugar  y  dominando su hábitat hasta llegar a construir una gran ciudad y desarrollar una  cultura que duró alrededor de mil de años.


Las tumbas

Chan Chan es la ciudad madre de las ciudadelas de barro. Recostada frente al mar espera por nosotros, invitándonos a ver pasar el tiempo suspendido en la frágil memoria. A la hora de la puesta del sol, en el ocaso  chimú.
      
                  (º)
 Cristian López Espinoza.

martes, 23 de diciembre de 2014

CHOBSHI



Piedra Metate  

"La Ruta de las Piedras que hablan" 

Esta ruta  abarcaba antiguamente la parcialidad del cacique Duma, en el margen izquierdo del río Santa Barbara en el Azuay ecuatoriano.




Atravesando el río Santa Bárbara por los puentes de Belén camino hacia Chobshi. Tomamos la rivera izquierda, por un sendero que bordea la orilla bajando la corriente. De a poco a medida que avanzamos, nos vamos adentrando en el cañón, el paisaje se va estrechando cada vez más. Es muy bonito y apacible, casi bucólico, con  animales pastando y  chacras muy bien cuidadas. Seguimos bajando la corriente, al poco rato de caminar, comienzan a aparecer las primeras piedras características de toda la zona. Están diseminadas a lo largo del sendero que va orillando el río cuyo verdadero nombre al parecer era Sangurima, voz sitúma de la antigua etnia Cañari, cuyo significado se ha perdido en los anales del tiempo. 
Las piedras de mediano tamaño,  a medida que avanzamos pareciera que fuesen cobrando vida, los cañaris al igual que muchos otros pueblos adoraban muy especialmente las piedras  que se diferenciaban de las comunes, particularmente si eran jaspeadas o tenían formas de animales o cosas. Las piedras con formas abundan en la zona, seguramente cada una de ellas tenía una connotación simbólica, además representaban  entidades totémicas. 
Los espíritus de las piedras  nos relatan historias sobre el principio del tiempo y leyendas que se mantienen vigentes hasta los días de hoy en la memoria colectiva de la gente. Las piedras son las mensajeras de un tiempo olvidado.
Adoratorio en ruinas



En ambas orillas del río hay presencia de vegetación nativa, en el margen izquierdo esta mejor conservada y es más abundante, las chacras con sus siembras van desapareciendo a medida que avanzamos por la orilla. Los rayos de sol destellan reflejos dorados y remolinos tornasoles en la superficie del agua. Aparecen algunas piedras de mayor tamaño, el río se encajona y se escucha el tronar del torrente entre las peñas. Debemos estar a un kilómetro de los puentes de madera río abajo. Nos disponemos a dejar el sendero que va orillando debido  a que no podemos seguir avanzado junto al río. Comenzamos a subir por un sendero en la ladera levemente inclinada. Después de ascender una  pendiente  en zigzag y de atravesar un pequeño bosque de árboles de eucaliptos llegamos a una explanada oculta entre la floresta, es un verdadero refugio de no más de 100 metros de ancho por 150 metros de fondo, es un lugar muy especial rodeado de árboles y completa mente protegido por los murallones de las planicies que están más alto. El Área tiene varios conjuntos líticos de piedras de mediano y gran tamaño dispersos por todo el sitio, hay un muro que cruza el recinto transversalmente de alrededor 50 metros de largo por 1 metro de alto y 60 cm de ancho muy bien conservado. De entre todas las piedras, hay una, que destaca por sobre las demás, debe haber tenido mucha importancia en el lugar, desde abajo no se aprecia pero al trepar sobre ella nos muestra un maravilloso hallazgo; una tacita completa mente circular de 55 cm. de diámetro  17 cm. de profundidad, está  horadada en la piedra y es muy hermosa y significativa, esta piedra nos da cuenta de la importancia  que pudo haber tenido el lugar. 
Después de un corto descanso para apreciar más detenidamente el paisaje y tomar algunas fotos seguimos nuestro viaje por “La ruta de las piedras que hablan”. Esta zona tiene el privilegio de contar con muchos lugares arqueológicos, está lleno de sitios, asentamientos y vestigios. Algunos muy antiguos, de épocas arcaicas, donde la presencia humana sobre estos parajes se remonta a  mucho  más de 10.000 años atrás.

Piedra Tacita.
Continuamos subiendo por otro sendero un poco más ancho y empinado, ascendimos por el borde de una saliente de piedras, debemos estar a unos 60 metros o más sobre el nivel del río. Al llegar arriba, una planicie amplia se abre  ante nuestros ojos, son  terrenos de cultivo, hacia la izquierda se ven algunas casas y a lo lejos el alumbrado público. Hacia la derecha está el acantilado y en el fondo el río serpenteando entre las piedras. La planicie se puede cruzar a campo traviesa o tomar el sendero que va por el borde a mano derecha, desde allí se ve, al otro lado del río la carretera que va vía a Cuenca y el cordón montañoso de Piedra Blanca. En parte de la explanada hay un muro de alrededor de 100 mts de largo por 1 mt de alto y 60 cms de ancho similar al anterior bien conservado y unas cuantas piedras de mediano tamaño diseminadas por el lugar. Desde el sendero que va por el borde, en algunos tramos se puede ver el río en el fondo del acantilado, a ese sector le llaman “el Balín” que es la parte más encajonada del cañón. El sendero describe una curva larga que va bordeando “el Balín” y al poco rato de caminar en el horizonte recortada contra el cielo aparece “La ciudad sagrada de Shabalula” “La casa del reluciente”, la ciudad ritual.  

Muro de piedras.
Una vez recorrida la explanada por el borde, mirando hacia la derecha abajo se divisa el “chaquiñán” de entrada a Shabalula. Para acceder al “chaquiñán” hay muchas entraditas, se nota que es antiguo, está labrado en el borde de la ladera y va ascendiendo paulatinamente hacia la meseta, tiene sectores de escalerillas y pasadizos. En el paisaje describe una línea que  se va curvando levemente hacia la derecha y la ciudad comienza a develarse, la piedras de gran tamaño hacen su aparición, el “chaquiñán se nos muestra completamente bien conservado en algunos tramos de 5 a 10 metros y en sectores de 3 mts de ancho, con sus piedras emplazadas en los bordes. La meseta está llena de piedras erigidas, diseminadas en todas direcciones, se levantan como verdaderos monumentos líticos. 
La serpiente de Shabalula fue desmembrada en su totalidad, las  partes que componían su cuerpo desaparecieron completamente hasta los días de hoy, a principios de la década de los sesenta en el siglo pasado aún quedaba la huella de su emplazamiento en el lugar. Hoy solo queda la cabeza en el sitio arqueológico como mudo testigo de su  despojo. Guillermo Segarra en su Monografía del Sígsig la describe de diecisiete metros de largo y publica una gráfica del monumento.


Cabeza de serpiente enterrada.
En mis andanzas por el área creo haber identificado alrededor de cinco cabezas de serpientes de diferentes tamaños y en diferentes sitios del sector, una semienterrada, en el campo yace inadvertida. Al estar sacadas de su contexto ritual, escultórico y despojadas de sus cuerpos, se confunden en el campo como una piedra cualquiera y sin importancia. Shabalula alberga en su inventario a lo menos ocho o más piedras tacitas o metates, hay piedras con inscripciones, incrustaciones, dibujos, canales, incisiones, protuberancias.  Hay bases y plataformas de piedras, muros, apachitas, collcas,  la cabeza de la serpiente,  el adoratorio a duras penas en pie todavía, la cabeza del cacique yacente con su nariz rota por el vandalismo de los últimos años y las innumerables piedras de sacrificios y otros menesteres, con sus Chaquiñanes de vigilancia  y miradores que junto a “La Piedra Capitana” dominan el paisaje del cañón hasta las junturas del río Pamar y río Santa bárbara.


Muro de piedra y Huacas.

Cuando vivía en Chobshi constantemente pasaba a visitar Shabalula, a veces de noche, me gustaba ir y realizar paseos y exploraciones del lugar, una de esas noches cerca de la luna llena como de costumbre crucé desde el carretero por entremedio de las chacras hasta "La Piedra Capitana", esa piedra es un lugar estratégico dentro del complejo y es lugar obligado para el visitante. Después de un rato de contemplar la luna entre las nubes me dispuse a volver al carretero, cuando de súbito una sombra muy veloz de alrededor de 1.50 mts de alto y 3 mts de largo me sobresaltó de sobremanera, no me asusté del todo, pero quedé completamente perplejo, casi estupefacto, me fui inmediatamente del lugar. Al otro día aproximadamente a las 6:30 de la mañana estaba en el mismo lugar donde la noche anterior la sombra se había dejado ver, para constatar los hechos de tan singular evento. Cuán grande fue mi sorpresa cuando me percaté de que en ese mismo lugar se encontraba una piedra regular de mediano tamaño de aproximadamente  un metro cúbico de volumen, con incisiones de dientes y se asemeja una gran cabeza zoomorfa que según mi parecer representaba la imagen de algún animal, mítico. No puedo dar una explicación más verosímil de cómo encontré la piedra, solo puedo decir que los lugareños no la conocían y nunca habían escuchado hablar de ella, la piedra está a escasos metros de la piedra capitana dentro del recinto de Shabalula.


Piedra Dragón.
Shabalula es un lugar impresionante, está lleno de micros y macros mundos, espacios que guardan esa magia casi extinta y que no muchos lugares la tienen hoy en día. Hay muchas conjeturas sobre el sitio, se supone y esto es lo más probable, es que era un lugar destinado a realizar ritos funerarios en honor a la culebra, una de las principales deidades de la nación Cañari.
Desde Shabalula a Chobshi se baja por el carretero, por el sendero, el costado del camino está lleno de piedras de tamaño mediano y muchas de ellas llaman particularmente la atención.



El autor con La Piedra Puma.


Chobshi se traduce como “La casa de la estrella” o “La casa de la luna” a medida que bajamos se pueden ver en las laderas de los cerros algunos muros y piedras de mayor tamaño, a simple vista el lugar está lleno de vestigios arqueológicos. Chobshi es muy bonito, el clima es cálido y los días son muy luminosos, se siente la fuerza del cañón del Santa Bárbara al respirar, su comunidad es pequeña y tiene muchos lugares para visitar, casi todos muy solitarios, además de los cerros y las quebradas, están el pailón, la ribera, algunas cuevas además de la cueva negra, la laguna o totoral  y el Museo que administra  La Asociación de Turismo Comunitario de Chobshi. Después de caminar unos 300 metros por el carretero viniendo desde Shabalula a mano derecha hay un sitio vacío, un llano donde sobresalen unas piedras de gran tamaño, el lugar está entre dos casas, a la orilla del camino, en ese lugar se encuentra la base de una casa cañari, de piedra, semicircular adosada a dos piedras de mayor tamaño,  las cuales tienen orificios y gradas, todas las piedras alrededor muestran signos de incisiones u orificios, desde allí hacia el borde del río se ve una explanada, comenzamos a bajar por un sendero hasta el borde mismo y vemos como aparecen unas y otras piedras con rasgos o formas muy particulares, todas alineadas o en relación  a “La piedra capitana” que domina todo el paisaje. Entre las piedras que vigilan el borde podemos mencionar “Piedra cóndor” “Piedra águila” “Piedra astronauta”  “Piedra mapa 1” “Piedra mapa 2” “Piedra amorfa” “Piedra de los sacrificios” y “Piedra Dragón” como las más relevantes, además está el “chaquiñán” de vigilancia que domina hasta la quebrada del puente seco rodeando todo el recinto del castillo de Chobshi.
Piedras de Shabalula.
El Castillo de Chobshi es un gran monumento arquitectónico y arqueológico, es el complejo mejor conservado y más grande de todo lo que se conoce como estrictamente cañari. Sus paredes tienes esa típica ondulación característica de sus construcciones y semejan el ritmo de la serpiente que representa la energía y el movimiento. El castillo está orientado de norte a sur y la leyenda cuenta que fue construido en una sola noche por cuarenta mil trabajadores y se utilizaron veintitrés mil piedras para ello. En los alrededores del castillo y hasta el borde de la explanada está lleno de piedras significativas que dan al lugar un aire mágico, un “chaquiñán en perfecto estado marca el escenario y una pequeña casita cañari desde la cual se divisa la “piedra capitana” le da al paisaje un toque mítico, en menos de tres hectáreas existen “La piedra de los sacrificios”, “La piedra de la purificación”, “La piedra mapa”, “La piedra observatorio”, “La piedra trono” “La piedra culebra”, “La piedra prisión” “La piedra tacita” además de otras tantas piedras que existen en el lugar, por ejemplo un detalle cosmovisional; “La piedra de la purificación” es la maqueta mapa de la montaña que divide el valle de Chobshi y la cuenca hidrográfica del río Pamar. Desde el Castillo de Chobshi a la Cueva Negra de Chobshi hay como máximo 200 metros de distancia, pero como mínimo más de 10.000 años de historia, no son muchos los lugares que ostentan ese record de relaciones milenarias.


Piedra Condor.
Caminamos desde el castillo por el sendero bordeando la quebrada del puente seco, la quebrada es un lugar muy importante ya que los antiguos habitantes de la cueva la utilizaron como barrera natural de protección y además como lugar de cacería, en general el lugar está muy bien protegido por la quebrada, el cañón del río Santa Bárbara y las montañas de Chobshi. La cueva negra de Chobshi es un antiguo asentamiento paleoindio del Ecuador, que se sitúa en el periodo del pre cerámico, con una data de más de diez mil años de antigüedad, los estudios que allí se realizaron arrojaron importantes datos sobre la vida y costumbres del hombre que habito la cueva en los albores de nuestra civilización. Se sabe que allí se construyeron artefactos de piedra y se consumieron ciertos animales de la zona que se domesticaron perros y que además  se generaron las condiciones para  un insipiente intercambio de productos y artefactos. La cueva negra de Chobshi hasta los días de hoy es el único asentamiento con características de abrigo rocoso descubierto en el Ecuador.


Piedra con espejo de agua.
Desde allí continuamos bordeado entre la cueva y la quebrada adentrándonos en el valle hasta llegar al puentecito que cruza la quebrada de puente seco y enfilamos hacia la montañita de enfrente, que es justamente la montaña representada en “La piedra de la purificación” o “La piedra mapa”. La montañita es tal cual la maqueta de “La piedra mapa” el camino de subida está súper bien descrito, el “chaquiñán” que la cruza el cerro está al pelo peluquín como dicen acá y la forma y la concavidad también, pareciera que la maqueta hubiese sido hecha con mucha precisión, “Hecha a mano”. Desde arriba se ve todo el valle de Chobshi, abajo quedaron los mitos y las leyendas inscritas en los surcos de las piedras. Desde aquí se ven más y más “chaquiñanes y más valles y muros, en la cresta de la montaña a la vista del río Pamar aparece la base de una casa de vigilancia en línea con “La piedra capitana” de shabalula, además de varias otras piedras, algunas tacitas, una con dos orificios uno rectangular y el otro circular, Mi  primer hallazgo con esas características, así que se abre un mundo de posibilidades exploratorias, desde la casa de vigilancia Cañari se ve el valle que se abre desde el puente de La Unión hasta Gañansol y desde allí todo un mundo hasta Wapondelig  “La llanura amplia como el cielo”.

                    

                         (º)
   Cristian López Espinoza